Conoce la apasionante historia del hincha que saltó de la tribuna a la cancha para representar al Almirante.

Pablo Arias Garcés, es estudiante de último año de Pedagogía en Educación Física en la UdeC, también se dedica a enseñar básquet en el Club Deportivo ENAP. Hace tres años combina su formación profesional con su trabajo como guardia de una conocida discoteca penquista, pero antes que todas estas actividades, Pablo es Vialino.

Su amor por el Vial viene desde la cuna, su padre es un acérrimo seguidor del Almirante, antes fue socio y hoy, a pesar de no tener esa condición no se pierde ningún partido de las ramas de fútbol y básquet, esa última que con tanta pasión defiende su hijo. Ir a alentar al club es una de las cosas que reúnen a la familia los fines de semana. Vivir en las inmediaciones del estadio, en el mítico barrio de Collao ha facilitado la tarea del clan Arias Garcés y de sus vecinos, también hinchas del aurinegro.

Para el cinturón azul de Jiu-jitsu y campeón nacional de peso medio en 2013,  el básquet no era una prioridad, sino más bien, era una labor deportiva a la que siempre le tuvo cariño y a la que se dedicó en su adolescencia y durante sus primeros años universitarios. El fisicoculturismo y la preparación física eran hasta hace un tiempo las actividades que colmaban la agenda de Arias.

“Jugaba baloncesto cuando me invitaban, lo hacía por diversión y no competitivamente. Todo esto hasta que me enteré que Arturo Fernández Vial estaba formando una rama de básquet. No lo dudé y me puse a entrenar para poder llegar al club. A mí nadie me llamó ni me invitó a participar, yo me ofrecí para representar estos colores. Una vez que el equipo ya estaba formado, me acerqué a una práctica y le dije al entrenador que tenía muchas ganas de jugar por el aurinegro y que me diera una oportunidad, que yo iba a hacer todo lo posible por estar. El me dijo que fuera a probarme y el resto es historia ya conocida”, señaló el alero.

Pablo no falla junto a su familia cuando se trata de alentar al Inmortal.

La familia del jugador es quizá la fracción más importante y bulliciosa de la incipiente fanaticada de la rama de básquet del club. Con una amplia trayectoria alentando al equipo aurinegro, la aparición de uno de los suyos en cancha es un motivo más que suficiente para cantar y apoyar durante todos los compromisos. “Cuando alguno de mis familiares no puede asistir,  se pone en contacto con los que fueron para saber cómo va el resultado, el trámite del partido y ese tipo de cosas”, indica Arias.

Para el jugador, los incidentes ocurridos hace un par de semanas en el partido contra Deportes Concepción son parte del pasado. “Estábamos demasiado enfocados en sacar adelante un partido apretado. Es una lástima que un evento deportivo termine así y sobre todo que se apunte con el dedo a toda una institución, sólo espero que no se vuelva a repetir. Para nosotros ese tema ya quedó atrás, ahora estamos enfocados en los siguientes partidos y en darle alegrías a nuestros hinchas”, cerró.

Ciertamente, en el panorama deportivo actual, cada vez son menos los atletas que pueden decir con orgullo que además de representar unos colores, los llevan tatuados en el corazón. Pablo Arias es uno de esos privilegiados. Un hincha que dejó la tribuna, para convertirse en protagonista dentro de la cancha.